Derechos Humanos

Derechos Humanos, ¿teoría o práctica?

lluvia de derechos

“Los Derechos Humanos son aquellas libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna, sin distinción alguna de etnia, color, sexo, idioma, religión, orientación sexual, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Desde un punto de vista más relacional, los derechos humanos se han definido como las condiciones que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, que permita a los individuos ser personas jurídicas, identificándose consigo mismos y con los otros.

Todo esto está muy bien, pero, desgraciadamente se queda en la teoría porque, a día de hoy, millones de personas, niños, mujeres, hombres, de todo el mundo, no están viviendo de forma digna debido, en su mayoría, a que han tenido la mala suerte de nacer en países empobrecidos, países de los que abusamos los que supuestamente somos “desarrollados” (habría que redefinir qué se entiende aquí por desarrollo, pues, dentro de esa etiqueta de “país desarrollado”, evidentemente, sólo se hace alusión a la economía o la industria, pero no a los valores que todos deberíamos poseer, a saber, solidaridad, generosidad, empatía, altruismo…).

Llama poderosamente la atención la loable labor que llevan a cabo las ONG de todo el mundo pues, gracias a ellas, se están consiguiendo pequeñas mejoras en los países empobrecidos; se está consiguiendo acabar con enfermedades nimias que, por contra, se llevaban la vida de millones de personas; se está alfabetizando a un porcentaje considerable de la población y se les está dando a estas personas las herramientas para que, poco a poco y a muy largo plazo, se construyan algo parecido a una “vida digna”.

Por otro lado, podemos analizar la situación interna de nuestros propios países, que dejan sin techo a familias que han tenido la mala suerte de perder sus empleos y no pueden seguir pagando sus hipotecas, o quitan las ayudas a personas dependientes que languidecen en una cama, o asfixian a la población con pagos por servicios básicos (sanidad, educación).

Sin duda, deberíamos tomar conciencia de esta realidad de forma apremiante porque todas las personas tienen derecho a la felicidad y muchas de ellas ven su logro como una batalla perdida”.

Lidia Olmos, profesora de Lengua del IES Campillo de Arenas.

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